miércoles, 19 de diciembre de 2007

Citas de El conocimiento silencioso

No es que un guerrero aprenda chamanismo con el paso del tiempo; lo que aprende con el paso del tiempo es, más bien, a ahorrar energía. Esa energía le permitirá manejar algunos de los cam­pos de energía que normalmente le son inaccesi­bles. El chamanismo es un estado de conciencia, es la facultad de utilizar campos de energía que no se emplean al percibir el mundo cotidiano que cono­cemos.

Hay en el universo una fuerza inconmensura­ble e indescriptible que los chamanes llaman in­tento, y absolutamente todo cuanto existe en la totalidad del cosmos está ligado al intento por un vínculo de conexión. Los guerreros se dedican a estudiar, a entender y a emplear ese vínculo. Les interesa especialmente limpiarlo del aturdimiento y del entumecimiento provocados por los intereses ordinarios de la vida cotidiana. A este nivel, el cha­manismo puede definirse como el proceso de lim­piar nuestro vínculo de conexión con el intento.

A los chamanes les interesa su pasado, pero ese pasado no es su pasado personal. Para los chama­nes, su pasado son los logros conseguidos por los chamanes de otras épocas. Consultan su pasado con el fin de obtener un punto de referencia. Los chamanes son los únicos que buscan genuinamen­te un punto de referencia en su pasado. Establecer un punto de referencia significa, para ellos, tener una oportunidad de examinar el intento.

También el hombre corriente examina el pasa­do. Pero lo que examina es su pasado personal y por razones personales. Se mide a sí mismo en relación con el pasado, tanto su pasado personal como lo que se conoce del pasado de su época, con el fin de encontrar justificaciones a su comporta­miento presente o futuro, o para establecer un modelo para sí mismo.

El espíritu se le manifiesta al guerrero a cada paso. Pero ésta no es toda la verdad. La verdad completa es que el espíritu se revela a todo el mundo con la misma intensidad y consistencia, aunque sólo los guerreros sintonizan consistentemente con dichas revelaciones.

Los guerreros hablan del chamanismo como si fuera un ave mágica, misteriosa, que detiene su vuelo un instante para dar al hombre esperanza y propósito; los guerreros viven bajo el ala de esa ave, a la que llaman el pájaro de la sabiduría, el pájaro de la libertad.

Para un guerrero, el espíritu es abstracto sólo en el sentido de que lo conoce sin palabras, inclu­so sin pensamientos. Es abstracto porque no puede concebir qué es el espíritu. Y aun así, sin tener la menor oportunidad o deseo de compren­derlo, un guerrero maneja el espíritu. Lo recono­ce, lo llama, lo incita, se familiariza con él y lo expresa con sus actos.

El vínculo que conecta al hombre corriente con el intento está prácticamente muerto; así que los guerreros parten de un vínculo que es inútil, puesto que no responde voluntariamente. A fin de revivir ese vínculo, los guerreros necesitan un pro­pósito riguroso y fiero, un estado especial de la mente llamado intento inflexible.

El poder del hombre es incalculable; la muerte existe sólo porque la hemos intentado desde el mo­mento en que nacemos. El intento de la muerte puede suspenderse haciendo que el punto de enca­je cambie de posiciones.

Los chamanes videntes de la antigüedad advir­tieron, gracias a su capacidad de ver, que cualquier comportamiento inusual producía un temblor en el punto de encaje. Enseguida descubrieron que si el comportamiento inusual se practica sistemáti­camente y se dirige con sabiduría, acaba forzando al punto de encaje a moverse.

El conocimiento silencioso no es sino el contac­to directo con el intento.

Lo que necesitamos hacer para que la magia pueda apoderarse de nosotros es desvanecer las dudas de nuestras mentes. Una vez desvanecidas las dudas, todo es posible.

La clave del camino del guerrero es destronar la importancia personal. Todo cuanto hacen los guerreros se dirige a lograr esta meta.

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